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Literatura como forma de compromiso dentro de un mundo en permanente crisis

Entrevista con la poeta chilena Rosabetty Muñoz en el marco de su visita el 2 de febrero de 2026 en el Ibero-Amerikanisches Institut (IAI). 

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Rosabetty Muñoz (Ancud, 1960) es una de las voces poéticas más destacadas de Chile. El 2 de febrero de 2026 fue invitada al Ibero-Amerikanisches Institut (IAI). Antes de un evento junta con Claudia Hammerschmidt (Friedrich-Schiller-Universität Jena), Rosabetty Muñoz conversó con Kristin Wolter (IAI) y Claudia Hammerschmidt sobre su trabajo y su concepción de la literatura como acto de resistencia.

Entrevista con Rosabetty Muñoz

Rosabetty, muy bienvenida al Instituto Ibero-Americano. ¿Es su primera vez en Berlín y también en este lugar?

Sí, a Berlín y al Instituto, es mi primera vez. Estuve en Alemania hace unos 15 años, pero entonces en Göttingen y Saarbrücken. Vinimos a presentar una película en ese tiempo de la cual que yo había hecho un guion lírico, pero es mi primera vez aquí en Berlín y ha sido fascinante porque estaba lleno de nieve.

Usted ha viajado a Berlín con motivo del simposio internacional “Literatura chilena contemporánea en diálogo” que tuvo lugar en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Freie Universität Berlin. ¿Qué tal fue esta experiencia, este diálogo para Usted?

Primero siempre me sorprenden los caminos que toma la literatura, la poesía, los libros, porque es casi un milagro cómo logra cruzar puentes enormes de culturas y lenguas distintas y, en este caso particular, una buena parte de las presentaciones y de los libros eran de literaturas o palabras marginales, más allá de los centros y del canon del poder. Incluso para mí, que venía de Chile y que soy una atenta lectora de narrativa y de poesía contemporánea de mi país, era sorprendente ver la finura con la que llegaron algunas ponencias. Me llamó especial atención un estudio sobre la poesía haitiana en Chile, o sea, de voces migrantes que ya están haciendo poesía en la lengua española. Era esta diversidad y variedad de palabra literaria que el simposio se encargó de destacar.

Susanne Klengel, la organizadora por parte de la Freie Universität Berlin, quien fue la fuerza motor de este simposio, sugería al final del encuentro, que me pareció precioso, que en la próxima representación de Chile como país invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt de 2027, ojalá el país muestre realmente esta variedad de literaturas, de lenguas, de pueblos, de mirar sobre el mundo.

Rosabetty, Usted viene de Ancud, en la Isla de Chiloé, en el sur de Chile. ¿Qué relación tiene su poesía con este lugar como su lugar de origen y también lugar de vida?

Voy a intentar resumirlo en pocas palabras: A lo largo de casi 50 años que llevo trabajando, lo que he ido haciendo cada vez más es acercarme todavía más al territorio donde vivo y profundizar precisamente en esa relación entre el espacio de escritura, el espacio mental, el espacio emocional, es decir, a todo lo que me rodea. He ido cada vez más hacia adentro y concentrándome mucho más en los interiores, en los pequeños espacios de los canales, en las culturas que se desarrollaron en el archipiélago de Chiloé. Y al mismo tiempo, siendo consciente de la dimensión política, de que la palabra o la literatura es una forma de compromiso dentro de un mundo que está en permanente crisis con respecto a un sistema económico y político que está usándolo como “zona de sacrificio” donde se van a extraer los recursos naturales en vez de pasar a modos de vida que son mucho más amables con la naturaleza. Entonces, en esa posición, digamos, doble – literaria, política y vital también – yo prefiero estar en ese territorio, escribir desde allí y para allí.

En otra ocasión, Usted describió el acto de escribir poesía como un acto de resistencia. ¿Cómo entendería su poesía en este sentido?

Uno podría tener muchas intenciones de hacer un tipo de escritura y yo he insistido en un tipo de escritura que está muy ligada a la oralidad, a lo que encuentro en las conversaciones de los mayores, en la gente misma de la isla. Mi trabajo escritural, en realidad, se trata de recoger los materiales culturales y con esos crear un espacio de resistencia casi como pequeñas fortalezas desde las cuales podamos leer cuáles eran aquellos aspectos que nos hicieron formar o que los antiguos formaron como cosmovisión que está llena no solo de buenas costumbres sino de solidaridad, de trabajo compartido, de ritos que tienen mucho que ver también con darle importancia al otro y al diálogo con el otro. 

Además, en Chiloé hay un mundo mítico, un mundo de relato que es extraordinariamente valioso y creo que hay que defenderlo frente a los embates de esta hipertecnologización, de esta aparente red de comunicaciones de los medios sociales tan amplia y tan vinculante que, sin embargo, nos deja muy solos al final. En esa paradoja yo creo que la palabra de los antiguos habitantes de lugares como este – no solamente en Chiloé, sino hay muchos otros lugares que han tenido otras formas de relacionarse, otras formas de convivir y de hacer comunidad – es la resistencia de la que hablo en la poesía.

Hablando de ese aspecto de la resistencia y de mantener esas voces diversas y vivas de los mayores, los ancestros, ¿qué importancia tiene la literatura indígena para Usted y su consideración de la literatura y poesía chilota, sobre todo con respecto a la literatura Mapuche-Huilliche y otras culturas todavía vivas en Chiloé?

Eso es una pregunta compleja. Desde los últimos 30 años ha habido una creciente atención por la literatura de comunidades ancestrales y se ha empezado a remirar. Gran parte de la literatura Mapuche y Huilliche es de reciente data, porque es una cultura oral. Entonces, el puro hecho de escribir, hablar de la literatura como letra y letra escrita, es un fenómeno relativamente reciente. Se remite a la oralidad y los relatos, estos relatos alrededor del fogón, lo que salía del corro sobre todo de las mujeres que fueron las que poderosamente guardaron toda la sabiduría. De la experiencia de largas generaciones, eso es lo que se está rescatando y muchos escritores Mapuche-Huilliche lo están llevando al papel, reelaborando y utilizándolo como material para también tener una presencia en el Chile de hoy.

Pienso en Jaime Huenún, por ejemplo, que para mí es uno de los poetas contemporáneos más importantes de la cultura Mapuche. Él recoge elementos de su propia biografía, de su entorno y lo va abriendo como estos círculos concéntricos de cuando uno tira una piedra al agua y va generando tremendos ecos y resonancias que se inscriben dentro del riquísimo tapiz de la poesía chilena con sus características propias. Además, hay personas que ya son reconocidas también en Europa, como Elicura Chihuailaf, quien figura como un guardián de una tradición y de una palabra que representan las piedras angulares en las que está construida la cultura y cosmovisión Mapuche. En cambio, hay otros como David Aniñir a quien también leo mucho, un Mapuche citadino. De hecho, acuñó el concepto del “mapurbe”, un Mapuche quien vive en la ciudad, y, por lo tanto, su manera de vivir lo indígena o lo ancestral es completamente otra. El flujo de la poesía chilena tiene esa gracia que se va alimentando de todos los afluentes y logra crear un curso cada vez más espeso y lleno de contenido.

Hablemos de otra faceta de su trabajo, Rosabetty. Al atravesar la Sala de lectura del IAI, pasamos por vitrinas con publicaciones de la poeta, diplomática y pedagoga chilena Gabriela Mistral a 80 años del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura en 1945. Usted, además de poeta, trabajó como profesora en varios colegios y destacó en otra ocasión que se convirtió en maestra por gran parte por admiración para Gabriela Mistral y su pensamiento pedagógico. ¿Cuál es su relación con ella y hay paralelos en su trabajo pedagógico y tal vez también en su trabajo poético?

En el año pasado hubo muchísimas celebraciones, conmemoraciones, libros, actividades en Chile, celebrando este Premio Nobel a Gabriela Mistral quien – nunca está de más repetirlo – fue la primera en América Latina a quien le dieron el Premio Nobel y seis años después el Premio Nacional de Literatura, el premio más importante de Chile. A mí me impresionó cómo tuvo que luchar ella en su tiempo para ser reconocida y escuchada, para ser leída en un ambiente que era claramente machista y donde no tuvo cabida hasta que salió y llamó la atención de un público más amplio.

Ella tenía una gran lucidez y una impresionante conciencia de lo que significaba escribir y enseñar en su tiempo. Mi mamá sabía muchos poemas de Gabriela Mistral y me los enseñaba desde que yo era muy chiquitita. Ese fue un primer encuentro, pero después en la adolescencia cuando uno busca modelos, ella fue un modelo muy importante para mí, además me impresionó mucho que ella fuera diplomática y que fuera sola, o sea, que no era la señora de nadie y podía ir por el mundo como mujer independiente para escribir y ser profesora.

Una de sus visiones pedagógicas fue – a ponerlo en una frase bastante reducida – que no se trata de impartir conocimientos o técnicas o de presentar libros, sino que educar es formar almas. Alguien quien cree en eso, en formar almas, mira de otra manera a los niños y los jóvenes. Gabriela Mistral pensaba en la escuela superando la sala de clase y pensando en la tierra, en cultivar, y todas estas ideas movilizaron un gran deseo de hacer otra pedagogía. Así que ella me parecía tan extraordinaria en todos los planos que la admiración que sentía por ella influyó mucho en mi decisión de convertirme en escritora y profesora.

Otra razón fue mi entorno, escuchar tantas historias como uno oía en las islas de Chiloé donde hay un respeto muy grande por la formación, por la educación. Trabajé 40 años en la educación pública con adolescentes en la educación media pero también he hecho talleres en mi vida entera para adultos tanto como niñitos pequeños. Me encantan sobre todo los niños de entre 5 y 12 años porque tienen una manera de mirar el mundo que está muy relacionada con aquella oscuridad y misterio y la parte del mundo que no conocemos. Piensan mucho en metáforas, en comparaciones, en lenguaje lírico.

¿De qué manera su trabajo educativo con niños y jóvenes influyó a su trabajo poético y al revés, su trabajo poético influyó a la forma de enseñar, de actuar como profesora?

Soy muy agradecida de haber trabajado con jóvenes, porque el estar permanentemente hablando con generaciones emergentes significa renovación de lenguaje, renovación de cómo miran las relaciones, cómo están pensando su realidad y cómo se están pensando a sí mismos. Y en esa exploración uno aprende muchísimo también. El tener talleres literarios, hacer clases para adolescentes a mí me ha mantenido siempre en ese espacio de escuchar, de estar atenta a estos nuevos pensamientos, cómo se están enfrentando con los demás, cómo están entendiendo las cosas.

Estos encuentros siempre han sido muy refrescantes para mí y supongo que han tenido un efecto positivo también en mis alumnos y es que yo soy una enamorada de la poesía y cuando uno tiene una pasión, suele contagiarla, es como la peste. Entonces creo que en todos los talleres que hice, si no se crearon escritores, por lo menos lectores. Estoy convencida de que la literatura realmente salva vidas, lo vi en las salas de clase. Niños que vienen de vidas tremendas, de hogares con problemas graves, de mucha violencia y más, encuentran en la literatura, en ciertos libros, de pronto una faceta donde me dicen, allí, ese soy yo.

Ahora vamos a bajar a nuestra Sala Simón Bolívar para una charla y lectura poética con Usted y la profesora Claudia Hammerschmidt a la que han dado el título “Escritura situada, escritura amarrada a su puerto”. ¿Nos podría dar una idea sobre lo que nos espera en esta escritura?

Un poco ya lo tratamos respecto al escribir una poesía que está situada, que está relacionada directamente con el espacio donde se genera. Es que todos los escritores hablan en realidad de alguna manera desde un espacio situado, desde su lugar. Pero nosotros lo hacemos políticamente, conscientemente, y digo nosotros porque formo parte de un colectivo que se llama Escritores de Pueblos Abandonados, o abandónicos, que están por todo Chile, en lugares completamente fuera de los centros de poder o donde se establece el canon de que se lee y que no, que es lo “correcto” y cual no. Nosotros permanecemos en estos lugares pequeños y no solo escribimos desde allí como un gesto, sino que nuestros temas son los temas de ese lugar. Lo veo como una especie de exploración, de búsqueda, dentro del entorno del ser humano que vive, que trabaja, que sufre, que goza en lugares que de pronto se pueden encontrar marcados por problemas económicos o ecológicos. Un poco es hacer una literatura que muestre a nuestros vecinos, pero que también sirva para que, ojalá, los mismos vecinos sean los que lean, se encuentren allí o encuentren formas de diálogo mucho más profundas y densas desde esa literatura.

Yo diría que casi todos los escritores abandónicos, en Vicuña, en las afueras de Valparaíso, en Punta Arenas, etcétera, tratan los temas que importan a sus lugares. Cada uno de nosotros es un escritor particular y lo que hacemos en conjunto es pensar cómo nos instalamos dentro de estos espacios de crisis, de estos espacios abusados. Nosotros en Chiloé, por ejemplo, vivimos en una isla que era riquísima en términos ecológicos y ahora tienen que andar repartiendo agua por las casas porque están sacando por toneladas las capas vegetales que absorbían el agua. Los destinos de cada uno de estos pueblos tienen que ver fundamentalmente con ese abandono.

¿Cómo ve Usted el impacto del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda que recibió en 2024 para la situación de los pueblos abandonados y la literatura de estos lugares, ayuda a dar más visibilidad a esa temática también?

Hay gente que dice, Ay, a mí no me interesan los premios. Pero yo diría que como vivo en un lugar pequeñito del que no me he movido nunca, si no hubiera sido gente jurados que han puesto atención, no se me habría conocido en ninguna parte. Gracias a los galardones literarios, se llega a diversos lugares, en Chile y más allá, y se lleva todo lo que es, yo también llevo conmigo a los compañeros escritores y hablo de sus obras, cito sus libros. Entonces, eso va abriendo caminos para literaturas que no están en el centro de la mirada de los lectores ni del poder y por eso creo que son un gran aporte esos premios. Y este, sobre todo.

¡Muchas gracias por la entrevista, Rosabetty Muñoz!

Claudia Hammerschmidt y Rosabetty Muñoz © IAI
Claudia Hammerschmidt y Rosabetty Muñoz © IAI
Rosabetty Muñoz en la Sala de lectura del IAI © IAI
Susanne Klengel, Rosabetty Muñoz y Claudia Hammerschmidt en la Sala de lectura del IAI © IAI
Rosabetty Muñoz en conversación con Claudia Hammerschmidt el 2 de febrero de 2026 en la Sala Simón Bolívar © IAI
Rosabetty Muñoz durante la lectura del 2 de febrero de 2026 en la Sala Simón Bolívar © IAI

Escritura situada. Escritura amarrada a su puerto (enlace externo, abre una nueva ventana)

Grabación del evento con Rosabetty Muñoz del 2 de febrero de 2026 en la mediateca de YouTube

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